
Cuba tiene una pena que me mata
su júbilo perdido me acongoja
me roba la alegría y se me antoja
delirio interminable que no escapa
de cárcel sumergida en arrogancia roja.
Cuba repite slogans que no siente
enarbola consignas obligadas y absurdas
yerra en su jefatura feas figuras burdas
cubre si le preguntan y cuando habla miente.
De la Cuba de ayer que conquistaba un sueño
aquella Cuba nuestra de tantas juventudes
hoy quedan alaridos cansados del empeño
y un manojo de seres repletos de virtudes.
Queda la Palma Real llenándonos los ojos
con su honradez de ir buscando en las alturas
la paz que ya no tiene en estos tiempos flojos
esa Cuba dormida en férreas ataduras.
Queda ese sol que abraza, queda el campo y los trinos,
queda brisa de mar verde azul, tibia, pura,
queda cada poeta con su honda escritura
y la tierra arropando al asceta campesino.
La sonrisa cubana, alma cubana muerta,
se asoma a la ventana, en la ventana llora,
espera que la aurora penetre alguna puerta
sin antes sin después sin aquí sin ahora.
Se derrumba mi Cuba, literalmente digo,
balcón, ideología y valores humanos;
perecen bajo escombros los cubanos,
y es un trozo de cielo, fidedigno testigo.
Cuba, la vida misma, se te esfumó en arengas,
excitados discursos eco de soflamas distantes,
colocadas palabras, palabras diletantes;
agitando banderas en falsas marchas luengas.
Cuba me duele, me duele su memoria,
la familia, los amigos, el vecino,
me duele Cuba, me duele su destino,
y de dolor me hundo rodando por su historia.