A mi hermano y amigo
de la vida y el arte, Agustín Bejarano.
No hay jaula que prohíba al sinsonte cantar
barrera que silencie su sublime trinar,
solo si el bien se rinde puede triunfar el mal.
Viajas con tus colores atravesando puertas
llegas dónde no llega la vil calumnia muerta.
Nada tuerce a la ola y su figura magna,
la buena ola crece aún si al encerrarla
el mal en sus ensayos pretende desviarla.
¿No escuchas avecilla como viene creciendo
otra ola gigante hecha de muchas olas?
Viene de todas partes y en su ondular seguro
para romper tu encierro se vale de lo puro.
Sin violencia, sin guerra, sin odio, sin rencores,
con el arte en sus manos separará barrotes.
Viene para llevarte de regreso al terreno
donde nada a tu canto de color ponga freno,
donde el jardín te muestre sus más hermosos brotes.
¿Escuchas avecilla, escuchas nuestro coro,
sinfonía orquestada por el amor de todos,
océanico abrazo, hecho de tierra y viento,
de verde, sol y luna, de fuego, amor y cielo?
¿Sabes, sinsonte preso por un breve estadio,
que el mal con sus desvanes, su mal actuar sin bríos,
no puede a los afanes del bien ponerle freno,
y es su soplo sin juicio infértil y tardío?
No pares de cantar, canta sinsonte herido,
nuestro regazo acuna tu canto colorido,
autónomo en la jaula pinta tu dignidad,
crea sinsonte preso, no dejes de crear,
solo si el bien se rinde puede triunfar el mal.
Del libro de Antología Poemas Oceánicos. Editorial Navegando Sueños.








