A mi hermano y amigo
de la vida y el arte, Agustín Bejarano.
Me duele la humanidad, me duele el odio, el rencor.
Discordia, cultiva amor donde te crece maldad.
Me levanto del dolor, busco Pablo tu mirada
y encuentro al sur de la Nada tu gran parcela hecha flor.
Baña la lluvia mis predios, pongo a mi espalda el hatillo,
buscando voy por el trillo al dolor poner remedio.
Y desde el surco me inspira el ejemplo de mi padre
sembrando junto a mi madre toda mi esencia guajira.
Escojo bien la semilla, faena que me enseñaron;
lo que en mi ser cultivaron, Neruda, creció en mi orilla.
Me duele la humanidad, Pablo me duele el acoso,
pobre creer agravioso lleno de agresividad,
malas hierbas de un sembrado arruinando los cultivos
fertilizante nocivo en el jardín descuidado.
Jugueteando en la floresta recuerdo de dónde soy
regando lo mejor voy de mi simiente selecta.
Para apartar los hierbajos me baño en tu poesía
haciendo tu lira mía reverdeciendo el atajo.
Me sirvo de tu constancia, de la hondura de tu verso,
del cielo de tu universo retándole a la ignorancia,
corono con tus estrofas mis más dulces pensamientos
convierto decir en cosas que no queden en lamentos.
Por las cizañas que infestan los más prósperos sembrados
extirpar su ser malvado convídole a la decencia.
Clamo para quien blasfema yemas de arrepentimiento
derecho a un mundo contento quien se convierte en poema.
Donde el sentido común declara total ausencia
de simiente la prudencia se puede regar aún,
saber compartir el grano al prójimo en desventaja
saber separar la paja sin arriba y sin abajo.
A ti que plantaste Pablo, que sabes de la cosecha,
del abono que se hecha, que sabes de lo que hablo;
a ti que lo observas todo solícito en tu grandeza
te pido un sol de pureza para colorear el lodo.
Me duele el alma el olvido, me duele la humanidad,
lluvia para la amistad por la humanidad te pido.
Del libro de Antología Mil poemas a Pablo Neruda.